"Malcolm and Barbara: A Love Story [Malcohn y Barbara: una historia de amor) iba a llevar tanto tiempo como el que le quedara de vida (finalmente fueron cuatro años) a Malcolm, un enfermo de Alzheimer de cincuenta y dos años. Barbara, su esposa, consintió en que hiciera la película con la condición de que yo estuviera presente en los momentos finales. Dado que es casi imposible reunir un equipo de rodaje de un día para otro, decidí filmarla yo mismo. Creo que trabajando de esta manera el material es más espontáneo y directo, y está exento de las rigideces técnicas de una filmación más perfeccionista. Cuando estás tratando de enfocar y de mantener un tono de intimidad en la entrevista, lo mejor es dejar que la cámara determine el estilo."
"En The Queen's Wedding, un documental sobre homosexuales, también filmé en vídeo con un único asistente. Una vez que tuvieron claro que yo no era un heterosexual a la búsqueda de una nueva diversión sexual, me confesaron cosas que, según ellos mismos, nunca le habían contado a su propia madre. Mientras nos encontrábamos en Manchester, llamamos por teléfono a un pub en busca de personas que pudieran participar en la película. Escuché una voz preguntándole a grito pelado a os clientes del pub: ¿Alguien quiere hablar de los jodidos maricones?". La voz enmudeció al otro lado de la línea. "Sí, más vale que te calles encanto, todos quieren hablar". En el pub, se hacían por ignorancia los comentarios homofobos más horribles que nadie pueda imaginar. Me marché con una profunda sensación de tristeza. Aquellos hombres y mujeres eran muy desdichados; sus relaciones matrimoniales estaban gravemente deterioradas; la mayoría estaba para el arrastre a los cincuenta años, y no tenían ni rastro de orgullo. Nada había de erótico en el contenido de The Oueen's Wedding. Tal vez debería haber habido algo. Seguro que habríamos tenido algún problema con la censura, pero también habríamos ganado en número de espectadores. No soy gay, simplemente quería hacer una película sobre hombres que se visten de mujer".
"La pasión es el motor de la fuerza creativa; la mente y el alma se unen, y vivir contigo se convierte en algo complicado. Yo lo he pasado mal en mis relaciones personales debido a mi obsesión por hacer películas sobre otras personas y por tratar de adentrarme en su psique. Es mi modo de vida, es lo que hago y hoy ya no se lleva. En los ratos que el cine me deja libre, hago tapices y tejo montones de imágenes, pero jamás me encargo del montaje de mis películas, porque te puedes enamorar- tanto de la técnica y del medio que corres el riesgo de perder la esencia del contenido. Así que alquilo el equipo de montaje y trabajo en mi casa con un montador. Nunca digo: "Aquí tienes los copiones. Me voy al sur de Francia y cuando vuelva me gustaría ver la película acabada". Aquí me paso día tras día, sufriendo, porque estoy continuamente tratando de explicar una historia familiar desde una perspectiva nueva -triple colocación por capas, triple acción paralela-, algo muy complicado de conseguir, pero cuando lo logras, es maravilloso. Es como un buen polvo o un suculento pastel de pacanas. Son momentos de una gran felicidad. Cuando algo falla, siempre tengo al montador para sacarme de la sala de montaje y del apuro. Así que el montador es la piedra de toque y sí, siempre contrato a gente respetuosa con mi visión progresista de la vida. Se trata de profesionales, de artistas por derecho propio. Vienen el lunes por la mañana y no se van hasta el viernes por la noche. Trabajamos juntos doce horas al día, a veces incluso dieciséis. Hay una regla de oro: yo cocino y no se habla de la película durante las comidas. Es fantástico. No hago las películas respetando el orden cronológico; tal vez empiece por el medio y vaya añadiendo esto por aquí y esto otro por allá, Sí, hay un principio, una parte central y un final, pero como diría Godard, "no necesariamente por este orden".
"Gran Bretaña es un país en el que lo de "¿es uno de los nuestros?" todavía está a la orden del día. Si no eres uno de ellos, eres alguien de fuera. No se cuestiona lo suficiente nuestro país ni nuestro estilo de vida. Yo soy una persona subversiva, pero no tengo intención de destruir el Estado, sino simplemente de cuestionar y ver las cosas desde una perspectiva diferente. Nunca digo: "Sólo hay una manera correcta". Tal vez debido a que el control de la Televisión está en manos de muy pocas personas, nos hemos acostumbrado a que sólo haya una manera aceptable de hacer las cosas. Con The Fishing Party pensé: "¡Allá vamos! Un grupo de fanfarrones quieren que haga un vídeo sobre sus vacaciones". Estuve a punto de decirle a mi jefe que buscara otra historia, pero afortunadamente no lo hice. Le pregunté qué hacían y me contestó que no estaba seguro, que creía que trabajaban en la City de Londres. Desde hacía algún tiempo, había querido hacer una película sobre los peces gordos de las grandes compañías y sobre cómo tratan de engañarnos acerca de lo necesarios y relevantes que son. Así que nos conocimos y nos fuimos de copas por champanerías de la City durante aproximadamente cinco días antes de empezar a rodar. The Fishing Party todavía se proyecta en diferentes rincones del mundo como una muestra de que es posible hacer un film político sin un solo político en él. Mediante una cuidadosa yuxtaposición, reinterpreto lo que parece "cotidiano" a ojos de otras personas. El hidrógeno y el oxígeno son gases comunes: júntalos y revelarás el contexto oculto, "una gota de agua". He hecho películas mejores, pero The Fishing"
“Party todavía conserva su valor -es la película que más aborrece la ex primera ministra Margaret Thatcher-, y su emisión le sirvió a la BBC para recibir un aluvión de quejas. Pasado un tiempo, tras aproximadamente seis episodios de Sylvania Waters, que hice en Australia, me echaron de la BBC. Mi jefe me dijo que mis películas no eran políticamente correctas y que ya no podía confiar más en mí. Es una pena, porque trataban de gente de verdad; no tiene sentido convertir a los participantes de mis documentales en personas que no son, pues para eso siempre puedo hacer películas de ficción".
"Me despierto con una frase, con una idea sencilla, como esas de las guías de televisión que disparan el interés de la audiencia. Si no consigo retenerla el tiempo suficiente, entonces me harto, probablemente porque no soy lo suficientemente bueno. Surge una idea, generalmente un cliché, y me embarco en la tarea de desenmascarar el tópico, confirmarlo o lo que sea. A medida que me sumerjo más a fondo y paso de una persona a otra relacionada con el tema en cuestión, formulo una percepción más profunda, aunque sólo sea mentalmente. No planifico las secuencias ni el rodaje. Cuando empiezo finalmente a rodar, filmo cosas que parecen curiosas, atractivas, informativas o festivas, pero no sé en qué parte del film irán ni sí acabarán en el montaje final. Ni siquiera puedo decirle a mí productor cuál será la secuencia inicial. John Birt, ex director general de la BBC, el cual en mi opinión hizo tanto daño a la televisión como Thatcher, dispuso un precepto según el cual el realizador debía comunicar la secuencia inicial y la razón de ser y las conclusiones de un documental antes de empezar a rodar. ¡Si eso es lo que necesita, contrate a un dramaturgo!"