8 feb. 2011

ENTREVISTA A ANNE REGITZE WIVEL

ENTREVISTA A ANNE REGITZE WIVEL
(por David A. Goldsmith)
Copenhague, 4 de septiembre de 2002.

Anne Wivel, quien puede presumir de haber recibido de manos de Frederick Wiseman un Prix Special por su película David og Goliath (David o Goliat), se lamenta de la ínfima calidad del retrato de la "realidad" que ofrece la televisión de hoy en día, dominada según ella por periodistas demasiado próximos a los intereses que controlan el dinero y el poder. Wivel considera que los narradores de historias que osan enfrentarse a las ins­tituciones poderosas de nuestra sociedad nunca dejarán de ser necesarios, porque la realidad siempre irá más allá de las meras noticias. Wivel forma parte del consejo de administración de Barok Films, su propia productora. Apasionada y convincente en sus documentales, Wivel no sólo es una realizadora de pres­tigio, tanto en su Dinamarca natal como en el extranjero, sino también una profesora muy estimada por sus alumnos.






Mis orígenes familiares guardan un parecido casi perfec­to con los personajes de la película de Ingmar Bergman Fanny och Alexander. Crecí en una casa de familia bur­guesa situada al norte de Copenhague; mi padre era poeta y recibíamos continuamente visitas de artistas y hombres de negocios. La mía era una familia judía dane­sa, no religiosa aunque sí apasionada e inteligente. Me siento privilegiada de haberme criado en aquel ambien­te. Mi padre era lo opuesto a la rama mercantilista de la familia y tras la Segunda Guerra Mundial formó un grupo artístico cuyos miembros escribían poesía y publi­caban una revista que tuvo una gran influencia en la vida cultural de Dinamarca".
"En 1968 entré en la Academia de Bellas Artes de Copenhague con la idea de convertirme en pintora, pero había tantas cosas sucediendo en la calle que pronto me sentí oprimida por la tradición academicista. Por doquier se respiraba un ambiente de gran ebullición. Pero en el tramo final de mis estudios artísticos conocí al profesor Albert Mertz, un hombre maravilloso y muy influenciado por Nam June Paik, el videoartista coreano. Mertz había empezado a usar el vídeo, algo bastante nuevo a la sazón, y fue uno de los primeros artistas daneses en explotar las posibilidades de aquel medio. Pero a mí me interesaba más filmar lo que sucedía en la calle. Por aquel entonces no lo llamaba documental, pero de hecho esto es lo que era. De manera que me con­vertí en documentalista. Nuestro trabajo no se proyec­taba en los cines sino en galerías de arte; era una espe­cie de pensamiento vanguardista. Así empecé".
"Como estudiantes, sentíamos que nuestro trabajo era muy experimental. Sin embargo, cuando volvimos a la Academia, otro profesor, Helge Bertrán, un hombre al que también admiraba mucho, revisó nuestro material con nosotros y nos enseñó a mirarlo desde una perspec­tiva formalista. Con Bertrán aprendí acerca del encua­dre, la composición y la perspectiva, así como sobre las diferentes maneras europeas de construir imágenes. Una aproximación pasaba por construir una imagen a partir de sus formas; otra se basaba en el modo en que los colores forman una imagen. Esta última podría com­pararse a salir de una habitación en la que una sola fuen­te de luz forma sombras y ver súbitamente los colores en el exterior. Se trataba de dos enfoques muy distintos y ambos despertaban un gran interés en mí. Pero yo soy el tipo de persona que se va de la habitación y mira los colores, como lo haría un pintor impresionista. Creo que es mi formación".
"Me interesa la realidad, contar historias sobre la reali­dad. Esto no me impide saber apreciar el periodismo de calidad y tal vez habría podido ser periodista, pero lo que quería era hacer documentales. Tras mi paso por la Academia, entré en la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca, una de las primeras escuelas cinematográfi­cas de Europa. Yo tenía cinco años más que la mayoría de mis compañeros. Siempre soy la más vieja; es mi privilegio particular. Ahora estoy muy ligada a esta escuela, en la que todavía imparto clases. El documentalista Jorgen Leth no iba a la misma escuela de cine que yo, pero a menudo nos visitaba para enseñarnos sus películas. Era como un hermano mayor y sus ideas constituían una fuente de inspiración para muchos de nosotros, Yo no quería trabajar del mismo modo que él, pero su trabajo tenía un gran valor para mí".
"De joven era muy tímida. La mía era una familia numerosa en la que todo el mundo estaba siempre hablando Sólo escuchaba, y creo que en muchos sentidos se trataba de algo positivo, aunque también resultaba frustrante no tener el valor suficiente para expresar mis propias ideas. Se me daba bien la pintura y pintaba muchísimo, pero tanta soledad me hacía daño. Así que en cuanto tuve una videocámara entre manos, descubrí súbitamente mi capacidad para hacer cosas con otras personas. De repente tenía acceso a los demás y una buena excusa para estar cerca de otras personas”.
"Recientemente he trabajado con un nuevo equipo de colaboradores en una película titulada Gronland [Groenlandia). Pero durante muchos años he estado haciendo películas con el mismo operador de cámara, la misma montadora y a menudo el mismo técnico de sonido. Muchos de ellos son antiguos compañeros de la escuela de cine. Ghlta Beckendorff ha sido la montado­ra de la mayoría de mis películas. Es una persona muy Importante para mí. Mis películas suelen durar unos cien minutos, de manera que solemos pasar juntas entre diez y doce semanas en la sala de montaje; nos conocemos muy bien. Grenland dispone de copias en 35 rara para su proyección en salas de cine, pero está rodada en diferentes formatos: 8 y 16 mm, tanto en cine como en vídeo"
"Groenlandia es una colonia danesa. Quería contar una historia muy personal, mi historia sobre Groenlandia. Nunca se la describe como yo la veo, como un país moderno con un fascinante pasado histórico y muchos problemas. Groenlandia es mucho más que sus maravi­llosos parajes naturales, mucho más que el mero país en el que viven los pobres borrachos groenlandeses. Se trata de una sociedad Integrada por personas decentes e inteligentes. El rodaje empezará este verano y se prolongara por espacio de doce meses, durante los cuales seguiré el curso político groenlandés. Los groenlandeses están actualmente inmersos en una lucha por obtener más autonomía. Uno de los objetivos de este proyecto es rendir homenaje a la obra del documentalista danés Jorge Roos, autor de maravillosos documentales en blanco y negro sobre Groenlandia. No es una película barata y me ha llevado varios años reunir el dinero para su producción. He recibido importantes ayudas económicas tanto del departamento de documentales como el departamento de ficción del Instituto Danés de Cine, así como una subvención de European MEDIA y aportaciones de diversas fuentes escandinavas. También he vendido por anticipado los derechos de emisión a diversas cadenas de televisión danesas y otros países nórdicos.".
"Cada vez resulta más complicado conseguir financia­ción. Por un lado, el poder de la televisión no deja de crecer, y por el otro, sus directivos sienten cada día menos aprecio por el género documental. Pero después de tantos años trabajando en este proyecto, no estoy dispuesta a hacer concesiones en lo referente a mis ideas. Creo que en Dinamarca es casi imposible hacer un documental sin contar con la participación de alguna cadena de televisión. Debes tener a la televisión de tu lado, aunque tampoco se trata de algo de primerísima importancia. En mi país existe una ley que otorga al cine la categoría de arte, así que siempre tenemos la posibili­dad de acudir al Instituto de Cine a solicitar una sub­vención con el argumento del documental como arte bajo el brazo. Pero sí logras vender tu documental a una televisión, resulta mucho más fácil conseguir dinero".



"Poseo una pequeña productora integrada dentro de la Compañía Nórdica de Cine y actualmente tenemos unos treinta proyectos en marcha. Acompaño a muchos jóve­nes directores al Instituto de Cine para hablarles a sus responsables acerca de sus ideas y advertirles del gran error que cometerán si no subvencionan este o aquel proyecto. Actualmente estoy en condiciones de ayudar a mis colegas más jóvenes, algo de lo que me siento orgullosa. Jamás dejaré de hacer películas de forma inde­pendiente, lo que no me impide dedicarle dos días a la semana a mi productora".
"Muchos de mis films han ganado premios en festivales Internacionales y han sido estrenados en el extranjero, En 1994 hice un documental de tres horas sobre el filosofo danés Soren Kierkegaard que fue traducido a cinco idiomas y que siguen siendo el único estudio cinematográfico que se li.aya hecho sobre él. Anteriormente, en 1988, hite David og Goliath, un film de ciento siete minutos sobre la situación de la prensa internacional en Jerusalén. El rodaje empezó poco después del inicio de la primera Intifada. Yo estaba allí en calidad de correspon­sal de un periódico independiente danés. En el edificio de la prensa en Jerusalén, el portavoz israelí lo pasaba muy mal cada vez que tenía que comparecer para expli­car lo que estaba sucediendo. Era un hombre tan apa­sionado que en seguida me trajo al recuerdo a Frederick Wiseman, y entonces surgió en mí la idea de hacer un documental con aquel edificio y aquel hombre como protagonistas. Regresé a Dinamarca y expuse mi idea en el Instituto, que me concedió rápidamente una subven­ción, de manera que en abril de 1988 pude regresar a Jerusalén con un pequeño equipo de rodaje. Pasamos tres semanas filmando en el edificio de la prensa tratan­do de reflejar lo que estaba ocurriendo a través del tes­timonio de periodistas de diferentes países y del modo en que el portavoz israelí se ocupaba de ellos. Por pri­mera vez en la historia de Israel, se prohibió a la prensa estar en primera línea, lo que desató una fuerte polémi­ca. Seguí de cerca este controvertido asunto, que acabó siendo llevado al Tribunal Supremo israelí. Fue una época muy crítica para Israel. David og Goliath se pro­yectó en numerosos festivales. Wiseman formaba parte del jurado que me concedió el Prix Special del Filmer á Tout Prix de Bruselas. Me colmó de felicidad recibir aquel galardón de sus manos".
"Siento que la videocámara se ha convertido para mí en una especie de lápiz con el que poder hacer esbozos. Este tipo de cámara permite hacer películas maravillosas y a mí me ha brindado la posibilidad de filmar dos largo- metrajes ejerciendo en todo momento como operadora de cámara. Me gusta tomar notas con la videocámara; es como volver a ser pintora. Pero en Gronland estoy tra­tando de incorporar el vídeo al cine y el blanco y negro al color, porque quiero elaborar esta historia por capas. A un nivel, trata de un joven político que es una figura clave en Groenlandia; es diputado por Groenlandia en el parlamento de Copenhague y yo me dedico a seguir sus pasos con mí pequeña videocámara. A otro nivel, habrá muchos retratos en blanco y negro de groenlandeses”.
“El montaje de la mayoría de mis películas se ha hecho con una Steenbeck. Sin embargo, para las más recientes hemos uso el sistema Avíd. Actualmente, en la sala de montaje sólo trabajamos la montadora y yo, pero hasta no hace mucho, además de ganar un asistente, siempre había personas entrando y saliendo de la sala de mon­taje. Ahora, en cambio, estamos las dos solas en esa sala silenciosa llena de pantallas y botones. Mi montadora se parece ahora más a una doctora. Ella ya no es la misma montadora ni yo la misma realizadora. Antiguamente, teníamos que imaginarnos cómo sería un corte o un efecto hasta que no regresaran revelados del laboratorio al cabo de unos días. Ahora, para ver lo que estamos pensando, nos basta con apretar un botón”.


“Procedo de una tradición en la que se trabajaba pensan­do siempre en la gran pantalla. No hay mejor lugar que una sala de cine para ver una película. Pero también es importante que nuestro trabajo pueda verse en televi­sión. Me interesan los primeros planos, aunque Gronland está rodada en formato panorámico. Un rostro puede decir muchísimas cosas sin necesidad de abrir la boca. Me gusta observar a la gente escuchando, ver cómo se sienten. Sin embargo, nunca he empleado entrevistas en mis documentales. La gente habla mucho en ellos, pero nunca en entrevistas. Procuro colocar en situaciones de presión a personas que de verdad tienen cosas que decirse entre sí. Un buen ejemplo es David og Goliath, donde la gente tenía muchísimas cosas que decirse y se expresaba en numerosas ocasiones median­te el lenguaje corporal; era evidente que hablaban con el corazón. Me encanta este temperamento. Es un rasgo judío que conozco bien por mi familia”.
“Antes de rodar, hablo con los participantes y les explico que cada ser humano alberga conflictos y lo que quiero es documentar esos conflictos internos. No creo que un conflicto sea algo íntimo, sino algo para compartir con los demás. Si obtengo su conformidad, siempre se muestran dispuestos a colaborar y a entregarse abierta­mente. Giselle-A Film About Dreams and Discipline (Giselle: una película sobre sueños y disciplina) es un documental que rodé en 35 mm y en blanco y negro acerca de un veterano profesor de ballet del Teatro Real de Dinamarca. La considero mi película más hermosa. Pero hay en ella numerosos conflictos. El documental siguió todo el proceso de puesta en escena de un gran ballet romántico y su personaje central era aquel mara­villoso profesor envejecido, que de hecho había inter­pretado en su juventud el papel protagonista del ballet. Le expliqué que lo veía como alguien melancólico, unas veces deprimido, otras feliz. Me he dado cuenta de que si le digo a las personas cómo las veo, éstas suelen decir­me: "¡Tienes razón! ¡Tienes razón!". Y a partir de ese momento actúan de un modo convenientemente melan­cólico. Pero hay que ser muy sincero y sólo decirles lo que ves como realizador. Nunca me aprovecho de mi condición de mujer, nunca coqueteo ni hago nada por el estilo para sacar partido de alguien. En su lugar, dejo que la gente sepa que sufro de timidez. Mucha gente se muestra comprensiva con este problema y en ocasiones acaba haciéndose amiga mía”.
“Mis películas son declaraciones subjetivas. En Gronland tengo intención de emplear una voz narradora”.
“Será la primera vez que lo haga. También escribo poesía, pero nunca la he querido utilizar en mis películas. Sin embargo, sí que experimenté utilizando mi propia voz al tiempo que manejaba la cámara en Slottet i Italien [El castillo en Italia), que rodé en 2000. Per Kirkeby, un conocido artista danés amigo mío, que también es pin­tor, geólogo y poeta, estaba atravesando una depresión. Tenía cincuenta y cinco años y su matrimonio se estaba desmoronando. Estuve allí una semana con otro amigo, Ib Michael, también poeta. Aquel documental fue un intento de capturar a tres viejos amigos (uno de los cua­les era yo, siempre fuera de cámara) en aquel castillo Ita­liano intentando buscar salida a la crisis existencial de Per. Fue una película fantástica cuyo montaje llevó mucho tiempo”.
“Aunque no hago exactamente puestas en escena, sí dirijo. No me interesa demasiado la distinción entre cine de ficción y cine documental, puesto que conozco perfecta mente nuestra tendencia como documentalistas a manipular situaciones. Creo que tengo la responsabilidad de confiar en mis sentimientos y en lo que de verdad me interesa. Nunca trato de esconderme tras una falsedad o un engaño, del mismo modo en que no oculto mi opinión de que la información puede ser entretenida ni mi deseo de que mi trabajo haga sentirse bien a la gente. Creo que es importante hablarle a la mente y al corazón y recordar lo maravilloso que es escuchar algo inteligente y fantástico, porque muchos documentales tratan sobre la estupidez humana, algo que me interesa en lo absoluto. He aprendido a confiar en mis sentimientos y en mi propia estupidez, y a mirar en mi interior y en el interior de los participantes de mis películas. Así que sólo me queda una ambición más: continuar”.

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